LAS MONEDAS EN LOS OJOS

 

 Volví a mis días de estudiante de secundaria y recordé a Caronte, el barquero del inframundo, el encargado de transportar las almas a través del lago Estigia, cuyo viaje no era posible si el difunto no llevaba las dos monedas sobre los ojos; una antigua tradición funeraria griega (presente en la cosmovisión de la Ilíada y la Odisea), donde se colocaban monedas en los ojos o la boca del difunto y, si no se colocaban, su alma vagaba en tristeza.

 Hoy, al observar la situación política de nuestro país, a la luz del doble terremoto y la consumación de la tragedia, miro a mi alrededor, reviso los portales de noticias y puedo ver las almas errantes de los "políticos" venezolanos caminando sin rumbo, con las monedas del soborno y la corrupción en sus ojos y bocas, entonces pienso, en la Grecia de Aquiles, de Héctor, de Paris, allí había que vivir con dignidad, morir de pie y tener un doliente, que colocaría las monedas en los ojos o bocas de sus muertos, para que el barquero los llevara al Hades.

 Aquí, hoy, en la Venezuela de nuestros días, si se hace lo contrario, para vivir, debemos permitir que sátrapas y ladinos, con sus monedas bañadas en la sangre de los buenos, las pongan en los ojos y bocas de los "hombres" y los hagan vagar por las calles del mundo, como zombis, muertos en vida, estas almas retorcidas vagan junto a sus cuerpos adornados con oropel y podridos por la miseria, la indignidad y la bajeza con los que se han atrevido a existir.


 Se necesitan hombres y mujeres valientes, capaces de arriesgar la muerte y con un espíritu heroico, conscientes de que sus seres queridos harán el sacrificio de entregar las monedas, para observar la llama rojiza de pureza que consume sus cuerpos y eleva sus almas a los altares del Olimpo.

 No esperes más, la calle nos llama, el grito desgarrador de la tragedia, el grito de los niños que renacen de los escombros, el rostro curtido del hombre que aprieta la mandíbula y endurece el semblante para no llorar a los desaparecidos, nos invita a gritar: ¡Muerte a la ignominia!, ¡Abajo el régimen!, rieguemos la flor de la ilusión, alimentemos la utopía de la libertad y la democracia, para que las nuevas generaciones nos vean cruzar el Estigia, hacia la eternidad. 

Análisis y opinión: Ing. Yoel Bellorín

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